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Queremos medios que se la jueguen “enteros” a favor de una vida libre de violencia para las mujeres



novedad fecha 08-03-2018 |

Queremos medios “enteros”, que respeten y hagan respetar los derechos de las mujeres y que fomenten una atmosfera favorable al cambio real.



La violencia contra la mujer ha sido y sigue siendo una de las principales problemáticas de la agenda de género en el país. Los medios de comunicación tienen aún una deuda pendiente para contribuir a desmitificar estereotipos y representaciones sociales, que legitimen relaciones de género de subordinación.

Las mujeres tienen el derecho a participar en el debate público, incluidos los medios de comunicación, y a ofrecer puntos de vista e ideas que deben ser escuchadas y entendidas en sus ideas.

Los medios de comunicación presentan problemas y soluciones a nuestra sociedad, pero también lo hacen las mujeres como poderosas agentes del cambio en todos los ámbitos de la comunidad. Parte de la responsabilidad social de los medios es:

- Contribuir a construir una agenda pública inclusiva, con participación de las mujeres, niñas, adolescentes y ancianas.

- Informar y orientar a la ciudadanía sobre la problemática de la violencia contra las mujeres para prevenirla y para atenderla de manera oportuna.

- Legitimar el feminicidio como un problema social y no como un delito delincuencial.

Pero estas tareas están lejos de la realidad. Aunque se ha mejorado en la capacidad de indignación y denuncia, lo cierto es que en los últimos años estudios e investigaciones, realizados por A.C.S.Calandria, señalan que los medios, en especial la televisión, incentiva la violencia, y no solo a través de sus programas informativos, sino a través del conjunto de su programación (telenovelas, dibujos animados, publicidad, entre otros).

En general podemos ver que la televisión en particular, reduce su agenda informativa a temas de violencia, siendo esto su quehacer cotidiano, siendo la violencia contra la mujer un tema que forma parte de una agenda mayor. Sin embargo, no logra transcender desde un tratamiento de la información policial/delincuencial/judicial, donde los hechos policiales organizan el abordaje de la problemática. En menor medida se muestra las características, las relaciones entre hombres y mujeres, la magnitud del problema, sus características, causas y consecuencias o las limitaciones en el acceso y la calidad de servicios para las mujeres, así no es posible generar una sensibilización y conciencia crítica en la población respecto a la violencia contra la mujer. Esto se hace más dramático si solo se utiliza la nota informativa como formato en casi todos los medios de comunicación.

Esto se expresa con mayor claridad cuando se observa que los medios no asumen o toman una posición sobre el tema. En el tratamiento de la información: los medios se asumen como neutros, solo describen, narran, toman distancia del hecho. Lo que sí ha cambiado y es positivo es la capacidad de indignación de los líderes de opinión y periodistas, pero a pesar de eso no siempre se traduce en compromiso institucional de los medios mediante campañas públicas, reportes e investigaciones o seguimiento sistemática a políticas públicas a favor de la prevención de la violencia contra la mujer. Aunque es cierto que esto es respuesta al incremento de casos de violencia, la protesta social que se ha visibilizado e institucionalizado [1], el sistema de justicia es cada vez menos predictible y menos justo, el estado más burocrático e ineficaz para investigar los casos y atender a las víctimas. Pero principalmente las redes sociales han canalizado la actualidad de los casos, sobre los cuales se vierte indignación, opinión y debate. Los medios no pueden estar al margen de las redes sociales y los líderes de opinión menos.

Sin embargo, el principal reclamo está en que los medios de comunicación no abordan las “diversas expresiones” de la violencia contra la mujer, que tienen como causa común las relaciones de poder asimétricas entre hombres y mujeres, y la cultura machista. Por ejemplo, generalmente, se centran en los hechos más violentos y de asesinato/feminicidio, pero no dan cuenta de otros problemas sociales graves y cotidianos como la trata de mujeres y la explotación sexual comercial infantil (ESCI), la violencia sexual, el acoso en los centros laborales y de estudios, la violencia en el hogar, la violencia hacia las mujeres que tienen cargos políticos o desempeñan funciones públicas, la violencia en la calle. 

Pero problemas integrales, requieren miradas integrales. Por ello, en este tema, toca a los medios articularse y formar alianzas con diversos actores públicos y privados involucrados en el tema: en el caso del estado, las instituciones públicas como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MINDES) y los actores del Sistema de Administración de Justicia: Ministerio de Justicia (MINJUS), Ministerio Público-Fiscalía de la Nación, Defensoría del Pueblo y Policía Nacional, que pueden proveer a los medios de la data necesaria para analizar e interpretar esta problemática, pero también pueden dar información sobre las acciones e iniciativas que se desarrollan desde el estado. Solo iniciar una campaña o brindar segundos de radio o televisión a proporcionar información útil sobre los servicios públicos y privados que brindan atención y orientar a las mujeres sobre la problemática de la violencia, sobre cómo acceder a ellos y el procedimiento a seguir, serían un verdadero ejercicio de responsabilidad social. 

Por otro lado, en el caso de las instituciones de sociedad civil (ongs, universidades, agencias de cooperación, organizaciones y movimientos ciudadanos) pueden facilitarles también información, pero especialmente criterios y herramientas para un abordaje crítico de esta problemática, con enfoques y aportes interdisciplinarios que ofrezcan nuevas luces sobre ella, y experiencias innovadoras-creativas- exitosas que pueden aplicarse en el diseño de las políticas públicas. Conocer y presentar experiencias de mujeres que sí han salido del ciclo de violencia –sin morir- puede ser una gran noticia para miles de mujeres en esa situación. Asimismo, visibilizar el aporte de las redes de varones que trabajan por construir nuevas masculinidades y están desarrollando actividades públicas para manifestarse frente a la violencia machista. 

Por eso, queremos medios “enteros”, que respeten y hagan respetar los derechos de las mujeres y que fomenten una atmosfera favorable al cambio real. 

[1] La marcha ni una menos ha institucionalizado un movimiento de no violencia contra la mujer. 







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